Suelo ajedrezado

 Un suelo ajedrezado blanco y negro. Lo primero que se me viene a la mente es el dualismo: el bien y el mal. También me recuerda al mundo de las ideas de Platón y al mundo físico. Creo que de ahí viene mi fascinación por la filosofía, cuando comprendí la diferencia entre la idea de un árbol, que es eterna, y un árbol físico, que está sujeto a la impermanencia. Es similar a la paradoja del barco de Teseo: al cambiar todas sus piezas a lo largo del tiempo, surge la pregunta de si sigue siendo el mismo barco o si es otro diferente.


Nosotros, como personas físicas, renovamos todas nuestras células a lo largo de la vida. ¿Seguimos siendo los mismos o nos convertimos en alguien diferente? Quizás la conciencia sea eterna, mientras que nuestro cuerpo está atado a los cambios físicos.


Al dividir la mente y el cuerpo, a veces olvidamos que ambos son importantes, y esto genera desequilibrios. Cuando estamos demasiado en la mente, olvidamos cuidar el cuerpo, nuestra economía y otros aspectos físicos. De igual manera, cuando nos enfocamos demasiado en lo físico, tendemos a juzgar a los demás y a nosotros mismos por el cuerpo o la economía.


Este desequilibrio también crea favoritismos que llevan a conflictos:

blanco o negro,

izquierda o derecha,

ateo o religioso.


Tal vez por eso el suelo ajedrezado es cuadrado, una forma elegante con partes iguales. Son los mismos cuadros, del mismo tamaño, y no importa desde dónde los mires: se ven iguales. Esto me recuerda que siempre hay que buscar el equilibrio.

Comentarios

Entradas populares de este blog

🜂 MANIFESTAR 🜄 TRANSMUTAR

Pluribus

Los 3 tipos de silencios que debes trabajar